¿Te has preguntado de dónde viene la idea de que la menstruación es... sucia?
- 13 abr
- 2 Min. de lectura
¿O por qué sentimos que lo desechable es mejor?
Los productos menstruales desechables aparecen comercialmente a finales del siglo XIX (aprox. 1890–1900) y comienzan a tomar forma con las primeras toallas sanitarias lanzadas en 1896 por Johnson & Johnson, seguidas por desarrollos en Alemania con la empresa Hartmann.

Sin embargo, estas primeras versiones no tuvieron éxito. En ese momento, la menstruación era un tema profundamente tabú y comprar este tipo de productos implicaba vergüenza social.
Fue durante la Primera Guerra Mundial (1914–1918) cuando ocurre un punto de inflexión: enfermeras comenzaron a usar un material llamado celulosa (cellucotton), mucho más absorbente que el algodón, para improvisar compresas. Esta práctica llevó a que, años después, Kimberly-Clark lanzara Kotex, considerado el primer gran éxito comercial de toallas desechables a nivel masivo.

Desde el análisis del consumo, como lo plantea la Consumer Culture Theory, muchas de nuestras decisiones están influenciadas por narrativas construidas por la industria. En el caso de la menstruación, estas narrativas posicionaron lo desechable como la opción “correcta”, mientras que lo reutilizable comenzó a percibirse como incómodo o poco higiénico.
La industria pronto entendió el enorme potencial económico de la menstruación
Y más que solo crear productos, construyó un modelo de consumo constante: un negocio en el que siempre habría clientes y en el que, al tratarse de productos desechables, se aseguraba la recompra mes con mes. Todo esto sostenido por un discurso de higiene, comodidad y discreción que, en el fondo, no estaba centrado en el cuerpo, sino en el consumo.
Crecimos creyendo que esta era la mejor forma de cuidar nuestros cuerpos, que era lo más limpio, lo más práctico, lo más “normal”. Pero con el tiempo, esa idea comienza a tambalearse. Reportes de organizaciones como Women’s Environmental Network han señalado el impacto ambiental significativo de estos productos, tanto en la generación de residuos como en la contaminación por microplásticos.
Y entonces la pregunta cambia: ¿realmente era lo mejor o simplemente lo único que conocíamos?

Hoy cada vez más personas menstruantes están optando por alternativas reutilizables, materiales más amigables y decisiones más informadas. Productos pensados para acompañar el ciclo, no para borrarlo; para darte seguridad sin desconectarte de lo que sientes.
En ese sentido, menstruar deja de ser algo que solo se gestiona y se convierte en una experiencia que también puede vivirse desde la comodidad, la confianza y la conciencia. Porque al final, no se trata de desaparecer la menstruación, sino de elegir cómo queremos habitarla.



Comentarios